¿Cuántas veces has pasado por esta situación?

La ves, te impresiona lo linda, graciosa, interesante que es ella. Sientes que no hay mejor mujer que ella. Te gustaría que fuera tu novia. Quieres algo más.

Pero no encuentras las palabras, no encuentras la forma, el modo en que ella se fije en ti.

Gustarle, llega a convertirse en tu trabajo de tiempo completo, o por lo menos, es algo que ocupa el 90% de tus pensamientos a lo largo del día.

Y al final, sientes que ella está tan fuera de tu alcance, que simplemente te la quedas mirando y soñando… una vez más.

¿Por qué ponemos a una mujer en un pedestal?

¿Por qué lo hacemos?

¿Por qué aumentamos el valor de una mujer y al mismo tiempo reducimos el valor que percibimos en nosotros mismos?

Y, más importante, ¿por qué lo seguimos haciendo a pesar de saber lo dañino que es?

Vayamos desde el principio:

¿De dónde provienen tus creencias acerca del amor, sexo, las relaciones y las mujeres?

Muchas de las creencias que tenemos acerca de estos temas nacen del condicionamiento social.

Esa programación que hemos recibido desde nuestra niñez y se ha ido reforzado con los años. Al punto que las consideramos reglas absolutas e inquebrantables.

Ya sabes cómo suenan esas creencias:

  • Si la impresionas, ella se va a fijar en ti.
  • Si te haces su amigo, ella se va a dar cuenta de lo buen tipo que eres.
  • Si eres complaciente y estás siempre disponible, a ella le vas a gustar.

¿Qué otras creencias vienen a tu mente?

Sin importar cuáles sean, estas creencias nos hacen pensar y peor aún, actuar de una manera como si estuviéramos mendigando cariño, respeto y atención de esa chica.

Todo esto nos lleva al dañino hábito de idealizarla.

¿Por qué dañino?

Porque te creas una imagen poco realista de quién es en realidad esa persona. Maximizas sus virtudes, minimizas sus defectos. Incluso romantizas esos defectos, creando una imagen irreal de ella.

Todo esto nos produce una especie de ceguera. Y esto ocurre con mucho mayor frecuencia en la etapa del enamoramiento. El árbol no te deja ver el bosque.

Hace que ella sea más de lo que realmente es. Es más linda de lo que realmente es. Es más graciosa de lo que realmente es. Más interesante de lo que realmente es.

Te enamoras de la percepción que tienes de ella, no de ella.

¿Por qué reduces tu valor como hombre?

Es comprensible. En serio, es comprensible, que tu primera reacción cuando interactúas con una mujer linda sea ponerla un pedestal. Pero que sea normal, no significa que sea algo saludable para ti.

Y me refiero a que el problema de poner en un pedestal a una mujer solo porque es atractiva físicamente es endiosar a esa chica, a la vez que reduces tu valor como hombre.

Te minimizas de forma que sientes que no la mereces, te sientes insignificante y eso contribuye a necesitar más la atención y aprobación de ella.

Un ciclo vicioso, y más que vicioso, desastroso, dañino y autodestructivo.

Te metes en un tipo de relación que no te satisface, donde obtienes lo suficiente para seguir enganchado, pero no tanto como para tener una relación real.

Terminas enamorándote de la imagen que tienes de ella, ni siquiera de ella. Te enamoras de supuestos – la realidad no importa – solo lo que piensas que es ella. Conviertes en prioridad a alguien que jamás te tiene como su prioridad.

¿Hay algo bueno en poder en un pedestal a una mujer?

Poner a una mujer en un pedestal es una señal de los vacíos internos y el pobre juego interior que podemos tener.

Pero, me encantaría que piensas en esto: lo que te está pasando ahora es genial. Porque al sentir esta insatisfacción interna, puedes dar con esas faltas que hay en tu vida.

Puedes trabajar en ellas de formas mucho más constructivas. Convertirte en una versión superior a la que ahora eres. Reinventarte para ser un hombre diferente.

Lo que pretendo con esta publicación es invitarte a que dejemos de caminar por la vida en un modo de esperar y/o recibir, como si estuviéramos extendiendo la mano. Que cualquier cosa que venga va a ser bien aceptada.

Y cambiemos nuestra perspectiva al modo de dar, compartir y disfrutar. Una nueva perspectiva donde no esperamos algo específico de las personas para ser felices y sentirnos plenos.

¿Cómo te das cuenta de si vas por la vida desde la perspectiva de escasez, de ser una copa vacía esperando ser llenada?

Por el grado de necesidad que hay en tu vida.

¿Qué quiero decir con esto?

Tu grado de necesidad

Una forma muy práctica de medir tu necesidad y la escasez desde la que te relacionas con las mujeres es medir qué tanto te dejas impresionar por el físico de una mujer cuando la ves pasar.

La idealización de una chica comienza cuando te dejas impresionar por su aspecto físico, principalmente.

Hacemos de esa cualidad un todo. Olvidamos que ella o cualquier otra mujer es solo otro ser humano. Alguien con las mismas o mayores inseguridades, miedos, defectos y problemas.

Y esa ceguera, como ya lo hablamos, hace que nos comportemos una forma antinatural con ella. Dejamos que su belleza nos ciegue.

Es innegable, la lotería de la genética le dio un aspecto físico atractivo, pero eso no quiere decir nada más de ella, tan solo nos dice que es bonita.

Míralo como la cereza en el pastel. La cereza no es el pastel. Es solo la cereza. Es lo que adorna el pastel y no lo que lo define.

Puede llamar tu atención, así como llamaría tu atención un cuadro interesante, una hermosa puesta de sol o un Ferrari. Lo aprecias, lo valoras, pero no te vuelves loco por ello.

Dejarte impresionar por su belleza activa tu necesidad, hace evidente la escasez en relaciones por la estás pasando.

Alguien que tiene una mentalidad de abundancia con las mujeres, miraría a esa chica atractiva y sabría que solo es una chica más.

No permitas que te impresione

Para adoptar e interiorizar todo esto, te pido que tomes en cuenta la siguiente regla: no permitas que una mujer, por el simple hecho de ser bonita. No dejes que te impresione y determine la forma en cómo la tratas.

Suena simple. Y en realidad, lo es.

Y se hace más sencillo cuando recuerdas que su belleza física es una cualidad como cualquier otra. Puede generarte curiosidad como para acercarte a hablar con ella, pero no debería ser más que eso.

Busca más allá.

Como lo decía el buen León-O de los Thundercats (ya me puse nostálgico con mi infancia): mira más allá de lo evidente.

Mira si es una mujer con metas, con sueños, con aspiraciones, con virtudes que vayan más allá de su aspecto, cualidades que la hagan una mujer de alto valor.

Al final, tú te mereces una mujer que quiera estar contigo, así como tú quieres estar con ella. También mereces tener a tu lado una mujer que te impulse, no que funcione como ancla en tu vida.

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