¿Alguna vez has pasado por una situación en la cual sentiste que no eras lo suficientemente masculino para lidiar con ello?

¿Tal vez las chicas o tus amigos te ven como el “delicado”?

O, ¿las mujeres que te gustan terminan viéndote como alguien con quien desahogarse, con quien llorar y contarte sus penas porque las vas entender?

Es muy posible que muchas de estas situaciones estén muy influencias por la energía que tienes y transmites a otras personas, esa energía que está guiando tu vida.

Quiero que hablemos de 3 hábitos que están destruyendo tu energía masculina y te impiden ser el hombre que quieres ser.

Pero antes, veamos un poco de teoría.

La energía masculina

Nosotros, como seres, estamos compuestos por un ser femenino y un ser masculino que nada tienen que ver con la identidad sexual, con ser hombre o mujer.

Me refiero al ser masculino como aquella parte de la persona capaz de tomar decisiones rápidamente, sin contemplaciones y sin temor. Es pura fuerza, valentía y decisión.  La energía masculina es la representación del ser masculino. 

Por otro lado, el ser femenino es aquella vertiente de la persona que integra conceptos como la empatía, la capacidad de trabajar en equipo, la facilidad para la multitarea, la voluntad de inclusión o la predisposición a tolerar la diversidad, pero también aquella parte que es dubitativa, perfeccionista e insegura. El ser femenino tiene su correspondencia en la energía femenina.

Tanto la energía masculina como la femenina tienen a su vez dos manifestaciones: la de la luz y la de la penumbra, la que construye y la que destruye.

Y como seguramente ya lo estarás adivinando, si inclinas la balanza en demasía hacia una energía determinada, algo empieza a pasar en tu vida, las cosas no marchan como deberían o como tú quisieras.

Muchos hombres batallan con sus vidas y consigo mismos, en muchos casos a esa falta de energía masculina.

Mira la energía masculina como un musculo, que entre más lo ejercites, más presente estará en ti.

Los siguientes 3 hábitos, aunque te parezcan algo inocentes están atentando contra tu energía masculina.

1. Dormir poco

Dormir más o mejor, ¿te convertirá en un hombre más masculino?

¿Solucionará todos los problemas por los que estás atravesando?

Bueno… no creo que todos, pero si la gran mayoría.

En el libro, Why We Sleep (Por Qué Dormimos) de Matthew Walker, cambiará tu percepción sobre dormir y la importancia que tiene en nuestras vidas.

Un hecho interesante: no dormir lo suficiente te matará.

Un hecho preocupante: casi nadie duerme lo suficiente.

La ansiedad, estrés, depresión, sentirte “quemado” (mejor conocido como Burnout), enfermedades mentales, niños con problemas de conducta, ninguna de estas situaciones ha mostrado enlaces directos con las redes sociales, televisión, noticias o videojuegos o cualquier otra cosa que tu tía (la religiosa) considera del “diablo”, pero todas ellas tienen un fuerte vínculo con la privación del sueño.

Aparentemente, cualquier cosa que no sea 8 horas en una habitación oscura califica como “privación del sueño”.

“¡Por favor Dante!… yo duermo 4 o 5 horas y estoy listo para el día siguiente”.

Y yo también pensaba lo mismo, me pasaba jugando con el PlayStation hasta las 2 de la mañana, casi a diario. Creía ser funcional. Creía estar tomando decisiones acertadas. Creía estar siendo saludable. Creía estar siendo masculino.

Hemos hablado mucho de la pandemia del Covid-19 en los últimos años, pero casi nadie habla de la epidemia silenciosa que está ocurriendo por no dormir lo suficiente y de forma adecuada.

Pero no me creas a mí, solo reflexiona en esto: las dos causas más comunes de muertes no naturales son:

  1. Accidentes Automovilísticos y
  2. Errores Médicos.

¿Adivina quién es el responsable de la mayoría de estas muertes?

Así es: la privación del sueño.

Es verdad, dormir lo suficiente te hará un hombre aburrido, uno que no está todo el tiempo de fiesta, viendo maratones de series hasta la madrugada, acabando el videojuego de moda, persiguiendo mujeres en una discoteca.  

Pero lo sorpréndete llega después.

Estar bien descansado hace que los demás hábitos sean más sencillos de implementar en tu vida. Estarás más enfocado y serás más productivo. Tomarás mejores decisiones. Tendrás más energía físicamente. Incluso te sentirás más feliz. Serás más decidido y tomarás más riesgos.

En pocas palabras tu energía masculina empezará a elevarse. Si quieres saber más, te aconsejo que leas el libro que te mencione más arriba.

2. No desafiarse a sí mismo

Te has preguntado:

¿Por qué la comida chatarra es tan consumida diariamente?

¿Por qué esos aparatos que prometen bajarte de peso rápido y sin esfuerzo se siguen vendido tan exitosamente?

O mejor aún, te has preguntado:

¿Por qué tantos siguen cayendo en esa trampa de vuélvete millonario en un 1 mes cuando ven un anuncio en internet?

Porque nos encanta vivir con una mentalidad a corto plazo, con resultados casi inmediatos y con el menor o ningún esfuerzo.

Es esta mentalidad la que te hace dudar cuando quieres cambiar tus hábitos ya que, al no ver resultados inmediatos, desistes y piensas que es una pérdida de tiempo.

Esta mentalidad es la que te dice que aún eres joven y debes disfrutar de tu vida, que ya después te preocuparas por tu futuro, que más adelante te preocuparás por esas cosas.

Es esta mentalidad la que te orilla a vivir de forma mediocre, cosa que no es vivir, es simplemente sobrevivir esperando el viernes por la noche para adormecer tu incomodidad e insatisfacción de vida con los primeros olores de un trago.

Aumentar tu energía masculina se da cuando llevas tus capacidades al límite, cuando te desafías a ti mismo para ver de lo que eres capaz, para ver de qué estás hecho.

Obviamente esto no significa que mañana mismo asistas a una maratón de 10 km. O que vayas con tu jefe para exigir el puesto más alto de la empresa. O que inviertas todos tus ahorros en una jugada maestra de negocios.

Al contrario, se trata de dar la bienvenida a esos desafíos que te orillan a salir de tu zona de confort constantemente. Se trata de ver esos desafíos como oportunidades de crecimiento y no como amenazas.

El truco es comenzar con pequeños desafíos que te demuestren que es posible lograrlo.

¿Quieres duplicar o triplicar tus ingresos?

Empieza con algo tan simple como ganar un 10% más el siguiente mes.

¿Quieres tonificar tus músculos y verte más atractivo físicamente?

Ponte un desafío simple como ejercitarte de 10 a 20 minutos todos los días por una semana.

El punto es que no te atormentes con desafíos enormes que tu mente aún no puede manejar. Empieza con algo simple y así empezarás a forjar una mentalidad de logro y por ende tu mejor versión.

Y no olvides celebrarlo, recompensarte por tus esfuerzos.

No se trata de ser mejor que alguien, se trata de esforzarte por ser hoy mejor que ayer y mañana mejor que hoy

3. Quejarse

“No tengo el suficiente tiempo”.

“Si tan sólo ganará un poco más cada mes”.

 “Mi negocio no marcha bien porque mis clientes son unos tacaños”.

“Mi pareja es la culpable nunca hace lo que yo quiero”.

“Las mujeres son muy complicadas, mejor me quedo solo”.

¿Qué tienen en común los hombres que se quejan de todo y todo el tiempo?

Intentar demostrar que son las victimas de algo externo, sobre lo que no tienen control y que nunca podrán lograr lo que quieren porque algo allá afuera no los deja.

Quejarte y asumir el papel de víctima es uno de los hábitos más destructivos de tu energía masculina. No sólo porque te llena de negativismo y de una visión limitada de la vida, sino que te quita toda responsabilidad sobre tu vida y tus resultados. Esa falta de responsabilidad te empuja en un pozo cada vez más profundo de mediocridad.

Y si no ves algo mejor para tu vida, no tienes ni los motivos ni las ganas para cambiar. Simplemente te mantienes en ese mundo donde la mierda te llega hasta al cuello, pero te acostumbras porque no ves mejores posibilidades de cambio.

¿Ves lo peligroso de quejarte?

Te tengo un reto para ti: por toda una semana no te quejes de nada ni de nadie. Y si lo logras, te aseguro que verás un mundo distinto al habitual, y sobretodo sentirás un peso menos en tu vida.

Como dice el proverbio:

“Si tu problema tiene solución, no tiene sentido preocuparte porque ya sabes cómo solucionarlo. Si tu problema no tiene solución, tampoco tiene sentido preocuparte por no hay nada que puedas hacer para remediarlo”.

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