La calidad de las preguntas que te hagas va a determinar la calidad de la vida que tienes. Esto es algo que siempre debes tener en cuenta cuando te enfrentes a uno o varios retos.

Mientras muchos hombres se preguntan:

¿Por qué no puedo cambiar sus vidas?

¿Por qué soy como soy?

¿Por qué nada me sale bien?

¿Por qué a ellos les va a mejor que yo?

Otros se hacen MEJORES PREGUNTAS.

Y eso es lo que quiero te lleves de aquí: siete preguntas que te ayudarán a entenderte mejor, a recuperar tu masculinidad, a mejorar en tus relaciones y a forjar una versión superior a la que eres ahora.

La abrumadora mayoría de hombres se hacen preguntas pequeñas.

Preguntas al estilo de:

  • “¿Cómo hago para gustarle a esa chica?”
  • “¿Cómo hago para atraer mujeres rápido?”
  • “¿Cómo hago que ella me conteste los mensajes?”
  • “¿Cómo hago para que ella me busque?”

Y muchas, muchas más preguntas que lo único que hacen es obsesionarte aún más con lograr resultados externos con las mujeres.

Su enfoque está en lo externo, en lo que no puede controlar. Buscan una forma de hacer que lo externo y las demás personas se amolden a lo que buscan y quieren.

Tú y yo sabemos que nada allá afuera va a cambiar a menos que hagas un cambio en tu interior. Si sigues preguntándote “¿cómo hago para que esa chica me responda los mensajes?”, seguirás encerrado en situaciones pequeñas, situaciones mínimas que lo único que hacen es limitarte.

Un hombre de alto valor, uno que trabaja en aspectos verdaderamente importantes, no se hace este tipo de preguntas.

Se hace preguntas como las siguientes:

En lugar de preguntarte: ¿cómo llamo la atención de las mujeres?

Pregúntate: ¿realmente necesito la atención de las mujeres?

Caer en esta trampa puede ser algo común cuando has pasado por varias semanas, meses o años de “sequia”. Cuando no has tenido mucho éxito con las mujeres y quieres que todo eso cambie, pero ¡ya!

El problema es que empiezas a perseguir valores que a la larga le hacen mal a tu vida y a tu masculinidad.

Es igual que el adolescente que no quiere sentirse excluido del grupo de chicos populares y empieza a hacer cualquier cosa para que lo acepten.

De igual forma, intentar amoldarte a los supuestos gustos de las mujeres, ser complaciente e incluso servicial solo para llamar su atención, renunciando a quién eres y lo qué quieres, te sumerge en pozos profundos de más necesidad de aceptación y afecto.

En su lugar, reflexiona sobre tu deseo de aceptación.

¿Por qué la tienes? ¿De dónde nace?

¿Qué te está diciendo realmente?

Aprende a escuchar lo que esos sentimientos te están diciendo y lo que en verdad debes comenzar a trabajar.

En lugar de preguntarte: ¿cómo saber si le gusto?

Pregúntate: ¿necesito ser validado por ella?

“¿Cómo saber si le gusto?”

“¿Cuáles son las señales que una chica te manda cuando le gustas?”

“¿Cómo lo hago?”

No, no y ¡NO!

La verdadera pregunta es: ¿Por qué?

¿Por qué necesitas estar seguro de que le gustas?

¿Por qué necesitas lograr que ella se interese en ti?

¿Por qué buscas reafirmar algo dentro de ti a través de gustarle a ella?

El verdadero problema de obsesionarte con saber si le gustas o no, es que le brindas un poder de hacerte bien o mal a ella, de hacerte sentir un seductor insuperable o un pedazo de mierda mal pisada.

Eso es lo más trágico.

Como lo mencione al principio, enfocarte en lo externo, en lo que hacen o no hacen otros – en lo que siente o no siente ella por ti – es montarte en una montaña rusa de emociones que te llevará a lugares frustrantes y algo oscuros.

Estas dos primeras preguntas y las siguientes tienen un único objetivo: entender que todo empieza y termina en ti.

No dejes que nada de allá afuera te defina o te diga cómo debes ser. 

En lugar de preguntarte: ¿qué tipo de hombre quiere ella?

Pregúntate: ¿qué tipo de hombre estoy siendo ahora?

El hombre que eres y el que decides ser, nunca, nunca, nunca debe ser gobernado bajo los guiones de otras personas.

En su libro Iron John, Robert Bly nos dice:

Algunas mujeres quieren un hombre pasivo, si es que quieren un hombre; la iglesia quien un hombre domado []; la universidad quiere un hombre domesticado; la empresa quiere un hombre desinfectado, sin vellos y superficial”.

El problema de muchos hombres es que intentan ser todo para todos y terminan siendo nada para nadie.

Lo único que consigues al intentar caber en el molde que los demás deciden para ti es minar tu autoestima y destruir tu confianza.

¡Ya no más!

Para, toda la basura que te dice el mundo que seas, y decide – quizá por primera vez – ser el tipo de hombre que quieres ser.

En lugar de preguntarte: ¿por qué esa chica cambio su actitud conmigo?

Pregúntate: ¿por qué su cambio de actitud me afecta?

Volvemos al problema de dejar que lo externo nos afecte, sobre todo el comportamiento de otros.

Al cambiar el tipo de preguntas que te haces pasas de enfocarte en las razones, motivaciones y sentimientos de ella a enfocarte en tus razones, motivaciones y sentimientos. Que dicho sea de paso, es lo único que puedes cambiar.

¿Por qué te afecta tanto que ella un momento luzca interesada y al otro no?

¿Por qué?

Puedes tomar esta situación desde dos enfoques:

Uno, puede que te obsesiones por conocer la respuesta y, peor aún, que te obsesiones por cambiar su opinión y percepción acerca de ti. Y así, buscas formas, estrategias o trucos para que ella te vea como un hombre interesante y atractivo. Al final terminas luciendo más desesperado.

O, dos, puede que te extrañe o incluso te pille desprevenido, pero no te haces mayor problema, tal vez no le gustaste y ya, no es tu trabajo tener que gustarle a todo el mundo.

En lugar de preguntarte: ¿qué le escribo para lucir más atractivo o hacer que me extrañe?

Pregúntate: ¿qué tipo de energía quiero proyectar sin importar lo que escriba?

Esta es una pregunta bastante poderosa, porque muchos hombres no son conscientes de la energía que transmiten a otros.

Quizá estás transmitiendo necesidad, miedo, desesperación en cada mensaje, en cada palabra que sale de tu boca, a través de tu lenguaje corporal. Tal vez no seas consciente de ello, por lo menos no del todo.

El problema es que este tipo de cosas se pueden enmascarar en un mensaje. A través del texto. Pero cuando alguien está cerca de ti, la energía que proyectas es algo que no puedes ocultar.

En lugar de preguntarte: ¿qué escribo para lucir más atractivo?

Mejor pregúntate: ¿cómo puedes transmitir una energía poderosa, masculina y con confianza?

Al final, no importa lo que le escribas – de hecho, importa muy poco – lo importante es lo que transmites con tu presencia y energía.

En lugar de preguntarte: ¿cómo hago para ella se sienta atraída a mí de forma irresistible?

Pregúntate: ¿dónde puedo enfocar mi tiempo y energía para construir una realidad poderosa en mi vida?

Sé que hasta este punto ya tienes claro que no se trata de lo que haces para ella caiga a tus pies. Se trata de quién eres y de lo que transmites como consecuencia de ese trabajo interior.

Las grandes deficiencias de las enseñanzas que te empujan a hacer cosas para atraer mujeres se hacen evidentes cuando buscas enfocarte en mejorar partes de tu vida sólo para tener más éxito con las mujeres.

Lo haces bajo la condición de que, si funciona, vale la pena y si no, vuelves al mismo estado de pasividad y frustración.

Muchos se ven motivados por lo que pueden conseguir con una mujer o mujeres, más que del tipo de hombre que pueden llegar a ser. Allí hay un gran problema.

Si te enfocas en lo que verdaderamente te llena, en aquello que conecta con tus pasiones, con lo que te hace sentir pleno, estarás aportando a tu vida cosas sumamente interesantes, que te hacen sentir pleno y feliz.

Dejarás de ser ese vaso vacío que espera que ella o cualquier otra chica lo llenen.

En lugar de preguntarte: ¿qué cosas debo tener para que las mujeres se sientan atraídas a mí?

Pregúntate: ¿cómo quiero definirme a mí mismo?

Dejar que la forma en cómo te defines quede en las manos o palabras de otros, es dejar que otros te entreguen un guión bajo el cual debes vivir tu vida. Sin salirte nunca de los márgenes, sin escoger por ti mismo.

Cuando te preguntas cómo tienes que ser para agradar a los demás, te pones en una espiral descendente en el que buscar encajar en las opiniones, creencias y expectativas de otros. Nunca en las tuyas.

Obviamente lo tienes claro, un hombre se define a sí mismo y no deja que el liderazgo y rumbo de su vida sea definido por cosas o personas allá afuera.

Y si te vas con una sola idea de aquí, me encantaría que fuera esta: entre más responsabilidad tomes sobre tu vida, más control tienes sobre ella.

Lo que sucede allá afuera no debe definirte ni condicionarte, eres tú quién tiene el poder de decidir… siempre.

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